Crisis talibán por Matías López de Briñas

 Crisis talibán por Matías López de Briñas


Gentileza Heraldo.es: En apenas una semana los talibanes han dado un giro radical a las últimas dos décadas que ha vivido Afganistán con presencia militar estadounidense. La insurgencia avanza de manera imparable y, tras la toma de Herat y Kandahar el jueves, en las últimas 24 horas ha logrado «liberar», tal y como informan en sus comunicados, Qalat, Terenkot, Pul-e Alam, Feruz Koh, Qala-e Naw y Lashkar Gah.
Esta última es la capital de Helmand, principal centro de cultivo de opio del país y uno de los bastiones tradicionales del movimiento que ha sido duramente castigado por las fuerzas internacionales desde 2001. La mayoría de victorias se producen sin apenas combates, no hay baño de sangre ni destrucción, lo que convierte el avance insurgente en un paseo triunfal cuyo objetivo final es llegar a Kabul. La bandera blanca del Emirato ondea ya en 18 de las 34 capitales de provincia y la administración talibán, que en muchas de las provincias gobernaba hasta ahora en la sombra, trata de hacer una transición lo menos dramática posible y lo consigue gracias a la fuerte red de lealtades tejida en los últimos años.

Buscando arrepentidos

Las autoridades islamistas emitieron este viernes un comunicado de perdón dirigido a «quienes aún trabajan para la Administración de Kabul. Así que no desperdicien esta oportunidad de oro, entréguense y trabajen con el emirato islámico para la reconstrucción del amado Afganistán. Las personas que han realizado algún tipo de trabajo en el Gobierno durante los últimos 20 años no deben tener miedo de los talibanes. Todos los vemos como hermanos. Dejemos de oponernos y vivamos una vida cómoda».
Esta especie de oferta de 'arrepentimiento' llega, sin embargo, de la mano de los primeros ahorcamientos y castigos públicos en algunas de las plazas conquistadas. Es todo un ejemplo de la vuelta de la lectura rigorista del Islam que ya impusieron los talibanes en el país entre 1998 y 2001. «Siempre han tenido simpatizantes en todo el país. El Gobierno de Kabul estableció un sistema corrupto que repartía todas las ayudas y el dinero de la comunidad internacional entre los suyos. La gente en las zonas rurales apenas recibía nada de las autoridades y para ellos, que son la gran mayoría, estar bajo el mando talibán no supone un gran cambio», explica a este periódico Torek Farhadi, ex asesor del presidente Hamid Karzai. En su opinión, «el gran desafío es saber qué pasará con la situación de las mujeres. Los talibanes deberían ser más flexibles a la hora de permitir su educación y participación en el mundo laboral de lo que fueron en el pasado. Es una de las grandes incógnitas».